La flor más linda del desierto florido
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Autor de: Francisco “Nikita”Esquivel Tapia
En una desértica región del último reino, en los confines del planeta, cada año se producía un extraño fenómeno, cada vez que las lluvias bombardeaban las desérticas tierras, en sus entrañas se encontraban dormidas, esperando sigilosas las semillas de las más hermosas flores, Añañucas; Garras de León, Lirios, Suspiros; Patas de Guanacos; Amancay; Azulillos; Pakares; Celestinas; Coronas del Fraile; Terciopelos, Orejas de Zorro; Flor del cactos, entre otras.
Al llegar la primavera emergían desde la madre tierra para adornar las desérticas planicies y faldeos de los cerros de Atacama, con esto, todas las aves y otras especies se ponían contentos, ya que desde hace algún tiempo, un ogro malvado ajeno a esta provincia estaba extrayendo agua de manera desmesurada para enriquecerse robando las riquezas que ahí se encontraban, aprovechándose de la ignorancia de los hijos de la comarca.
En esos villorrios vivía un joven jardinero, él no anhelaba nada en ese entonces, sus máximas entretenciones eran estudiar, leer y divertirse con sus amigos en diversas actividades, lo que no sabía el joven jardinero, era que el destino le tenía deparada una sorpresa, los dioses del amor le pusieron a su cuidado la más linda flor que el desierto había forjado, era una flor preciosa, de grandes pétalos, de un blanco intenso, llamaba la atención por su belleza entre las flores del desierto que la miraban con envidia.
Encandilado el jardinero puso toda su preocupación en el cuidado de dicha flor, la cuidaba, le sacaba los bichitos, la regaba, regaloneaba y mimaba, la flor se convirtió en lo más importante para su vida, no dejaba de pensar y suspiraba por su blanca flor, un día el jardinero se enfermó y debió partir dejando sola a su flor, sufrió mucho estando lejos, en cada atardecer la veía al esconderse el sol, pero el tiempo pasa inexorablemente y llegaron nuevas primaveras, nuevas flores a las que el jardinero también le ofreció cariño y cuidados, pero en su corazón siempre estaba latente la imagen de su primera flor, la más linda de toda la región.
El jardinero hastiado del cuidado de su última flor, decide quedarse solo y no seguir cuidando más flores, estaba cansado y agotado del poco cariño que recibía de su flor, decide entonces embarcarse a recorrer solo la comarca en busca de aventuras y comienza su camino como un errante trovador, viaja por los valles y playas del reino cantando y divirtiendo ya que el jardinero es muy alegre, gusta de pasarlo bien y reír junto a sus amistades, aprovecha el tiempo para leer y cultivar placeres que tenía de lado, se dedica a escribir y rememorar tiempos pretéritos, a gozar de la compañía de sus amigos.
Un día el jardinero encontró al oráculo del norte, éste al verlo le concedió un deseo, el jardinero quiso saber donde estaba su bella flor, el oráculo le señalo el camino alumbrando con polvo de estrellas la senda que debía recorrer, el jardinero muy contento empezó a recorrer el camino en busca de su hermosa flor, grande fue su sorpresa al encontrarse con ella y ver que mantenía intacta su belleza.
Al verla quedo impávido, no podía creer lo que sus ojos estaban viendo, era la flor que algún día estuvo a su cuidado, el jardinero la abrazó con fuerzas y le sonrió, haciéndole saber que por más que el tiempo había pasado la luz del recuerdo y la melancolía siempre habían hecho perdurar el amor que con recelo le guardaba a su flor, la más linda de todas las flores del desierto florido.
Personajes pintorescos de El Salvador, mi tierra querida

Autor de: Francisco “Nikita”Esquivel Tapia
Resulta típico de cada ciudad de nuestro país los personajes típicos, de los que yo recuerde lejos de mi Salvador están el viejo de la moto voladora (tatita afila) de La Serena o Giglio dance y la viejita fosforito en la Alameda de Copiapó, el dos por cien en Antofagasta o el superman de Vallenar.Pero el motivo de esta nota es recordar a los personajes más pintorescos de mi tierra, por lo menos de los que tengo memoria, la rememorar a aquellos que nos llamaban la atención o que gustábamos hacer rabiar en nuestra infancia, cada uno de ellos carga con un cúmulo de emociones y sentimientos arraigados en el sentir propio del nortino sufrido y luchador.
1.- Condorito: Él era un abuelito que trabajó muchos años en la pulpería, actual DECA, era un abuelo de paso lento y cansino que realizaba diferentes actividades en la pulpería, me recuerdo que era mal genio y se enojaba cuando a cualquiera de nosotros se nos daba vuelta un helado o manchábamos el piso de la pulpería, recuerdo que también el se encargaba de sacar el aceite de cocina que por esos años se vendía a granel desde tambores de 200 lts y que se extraía con bombas.
2.- El Chirimachi o avión: Se contaban muchas historias respecto a este personaje, una de ellas era que fue un empresario de camiones que compró tras explotar una mina de cobre en las cercanías de Inca de oro y que tras atropellar a un niño y matarlo, se volvió alcohólico y bipolar, era común verlo pasar por las calles de la ciudad con su carretilla y su jauría de fieles perros que lo seguían a todas partes.
3.- El Ramón Vinay: Era un maestro zapatero y tapizador de living, más curado que el vino, pasaba todos los días arriba de la pelota, tenía un quiosco pequeño ubicado en la calle Montandon a la altura de los 17, nosotros cuando niños al verlo pasar le cantábamos una canción que le inventamos y decía así “Ramón Vinay porqué tomáis, por que me gusta”, a nosotros nos gustaba molestarlo cuando estaba en su quiosco durmiendo la mona, íbamos a tirarle piedras o a darle vuelta el quiosco, una vez ya harto de tanto que lo molestábamos, nos salió persiguiendo con un machete, me acuerdo que corrí mucho y el Ramón Vinay no se cansaba de perseguirnos, muy asustado llegué a la casa y desde ese día no lo molestamos más.
4.- La Coyita: Damiana Jerónimo era una mujer autóctona aloctona de la comunidad coya residente en los alrededores de El Salvador y Potrerillos, tengo el vivo recuerdo de verla los días 8 de pago fuera del BCI pidiendo limosnas, su vestimenta típica de la gente del altiplano, me acuerdo que tenía dos hijas más o menos de mi edad y nosotros molestábamos a cualquiera que ellas eran sus pololas, las niñas se ponían coloradas y se enojaban mucho.
5.- El Barracita o el tren: Era un personaje oriundo del norte, me parece que de Chañaral, vivía en los que eran los camarines de la cancha maestranza mina y luego en el Riñihue, también era un hombre desventurado, alcohólico de mal vivir, un hombre triste y solitario, me recuerdo alguna vez entrevistarlo para un trabajo de filosofía en el Liceo, ahí nos contó sus penas y sus miedos, hombre de sacrificio, me dio mucha pena la vez que hablamos con él y lo que más nos pidió fue que no siguiéramos sus pasos, que fuéramos hombres de bien, que a él los malos amigos y el alcohol le habían destruido su vida.
6.- El flaco de la barra: Fue un hincha acérrimo de nuestro querido Cobresal, salía todos los domingos con el equipo a la cancha y era el jefe de la barra, recuerdo que una vez en tiempos de dictadura Pinochet visitó el mineral y justo en la portada del Andino salió el flaco abrazando a Pinochet, eso no le cayó bien a los mineros y lo increparon duramente en las galerías, pese a esto el flaco no decayó y siguió apoyando siempre al equipo de sus amores, emblema naranja con la vestimenta de un minero y bandera gigante al hombro el flaco apoyaba sin tregua a Cobresal. Me parece que ahora está en Copiapó, creo haberlo visto en la feria.
7.- El Alejo: Era un vendedor ambulante, trabajaba con los Catalan, eran tiempos en que se podía beber cerveza en el estadio y el Alejo con dos canastos gigantes saciaba la sed de los mineros que iban a alentar a Cobresal, nosotros con las latas hacíamos trenes, zancos o simplemente se transformaban en pelotas con las que jugábamos en los pasillos de la parte inferior del estadio.
8.- José “Terminator” Carmona: Su parecido natural con Arnold Schwarzenegger era innegable, su talento estaba en sus manos, boxeador de buena pegada, era nuestro ídolo boxeril al igual que “Zorrito González”, recuerdo que su pelea siempre era la úuuuuuuuultima pelea de la noche y se apagan las luces del Estadio San Lorenzo para luego escucharse Eyes of tiger, la canción de Rocky y salir el Terminator con su capa roja que llevaba la leyenda Casa Baeza, nosotros atrás de él apoyándolo para que con sus certeras estocadas derrotara a los contendores.
Son estas personas las que contribuyen a la creación de una identidad, con sus aciertos y desventuras, van dando forma y colorido a la tranquila vida que se lleva en el último campamento minero, tierra de gente trabajadora, con climas extremos, se va forjando la vida a golpe de fierro contra la roca, explosivos se extrae de la tierra el mineral que aporta al desarrollo y progreso de esta larga y angosta faja de tierra, desde lo alto Dios y San Lorenzo protegen a sus hijos que de manera noble tratan de hacer patria en los alrededores de una sierra enclavada a más de 2.000 metros de altura, son los recuerdos de un salvadoreño en el que sus pupilas llevan grabadas imágenes de estos personajes de los cuales siempre hay una lección que aprender.
El Salvador aunque lo cierren en el corto plazo, siempre va a estar abierto en nuestros corazones como la tierra de colores que nos vio nacer y desarrollarnos allá un poquito más cerca del cielo, donde escasea el Oxigeno pero no la amistad y el cariño de un poblado rico en calidad humana.
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