Medio siglo en medio de la pampa nortina “50 años de un campamento minero”
Escrito por: Francisco Esquivel Tapia

Han pasado 50 años, medio siglo de historia desde que se emplazara en medio de la pampa nortina el campamento minero de El Salvador, nombre implícito que resalta la importancia del nuevo yacimiento encontrado para continuar dando réditos a las arcas de Andes Coper Mining; Braden encontró a un poco más de 2.000 metros un indio muerto que yacía tendido después de una ardua batalla, en sus entrañas se encontraban depositadas riquezas minerales que en tiempos pretéritos fueron conocidas por el más vasto imperio precolombino; Los Incas, indios que tenían amplio dominio metalúrgico para forjar ornamentos sagrados y joyas que ensalzaban la belleza de sus reinas y princesas, que enaltecían el poder de sus reyes, hijos e hijas de los dioses que vinieron desde las estrellas.
El tiempo ha pasado y desde sus albores los hijos de esta tierra han estado escudriñando por las cavidades del indio, manos curtidas por el polvo, cuerpos que se van decrepitando por el rigor de trabajar bajo condiciones extremas, almas de personas que han perdido sus vidas en esas labores son mudas testigos del afán humano por desarrollarse, por extraer el verde mineral que al someterlo al calor se funde trasformándose en rojo metal, sangre de la madre tierra, motor de la economía de la patria, en esas alturas gente esforzada desarrolla su vida, en una atmosfera con menos oxigeno y mayor presión atmosférica, donde muchos respiramos y vimos la luz por primera vez, crecimos y nos desarrollamos en esa burbuja mágica, donde no existía la maldad, donde éramos todos amigos y jugábamos en sus amplias calles, esas de piedra chancada que al caernos jugando nos dejaba grandes cicatrices en nuestros codos y rodillas, ahí en ese casco minero con sus casas coloridas, marcadas por la ostentación Americana, en ese cielo lleno de luminosas estrellas que se ven tan cerca, tan majestuosas que hacen sentirnos insignificantes seres ante la inmensidad del cosmos, en esas templadas tierras calurosas por el día y frías por las noches, en los jardines infantiles y las escuelas donde fuimos dando forma a nuestro intelecto, en esas aulas donde escribimos nuestras primeras vocales, donde leímos las primeras frases, en fin, son tantas cosas, tantos recuerdos de nuestra ciudad, casco Romano de características concéntricas que ha dado forma a muchas historias de vida, relatos que de alguna u otra forma van moldeando la vida de personas, algunas llegaron desde Mina Vieja, otras de más lejanas latitudes.
Para la construcción de El Salvador fue necesario el emplazamiento de un campamento provisorio, ahí nace Inca Portales un lugar marcado por la humildad y la pobreza en comparación con la opulencia de El Salvador, desde acá se forjan historias de gente luchadora, que aspiraba a salir adelante en busca de un mejor pasar para los suyos, historias descritas por la tenacidad y el esfuerzo; Han ocurrido acontecimientos de los buenos y también de los malos, grandes incendios han destruido las moradas de mucha gente, sin embargo hay historias buenas, imborrables recuerdos de personas que han salido adelante y que al volver la vista atrás ven a su querido poblado que permanece imberbe ante el paso inclemente de los años.
Otras personas llegaron desde más lejano, algunos lo hicieron pensando en permanecer un corto periodo de tiempo, pero llevan años en esta pampa llena de colores, conocieron a sus esposas y sus hijos son hijos de estas altas tierras, un ciclo que va dando forma y colorido al último campamento minero, el que poco a poco se acerca a sus ocaso, donde el indio muerto ya muestra un gran agujero en su abdomen producto de 50 años de extracción del rojo metal que hoy permite a la humanidad viajar al espacio en búsqueda de nuevos mundos y formas de vida, transportarse, abrigarse, en fin llevar una mejor calidad de vida, todo gracias el esfuerzo del minero legendario, amigo del Cuarzo y la Crisocola, del Cobre nativo, del Manganeso y de otros minerales, compañero de la oscuridad de los socavones y piques, que va rompiendo a punta de tronaduras la roca para sacar el famoso “Sueldo de Chile”.

Así se va dando vida al último campamento, con historias que el tiempo va moldeando, algunas tienen un dejo de verdad, otras un poco más de fantasía, recuerdo haber escuchado respecto a un turno que se fue sin dejar rastro, los rumores eran que habían encontrado oro, hay otras como el punto “G”, una pendiente saliendo de Inca Portales hacia Potrerillos de la cual se especulan muchas cosas dado que a simple vista uno deja su auto detenido en neutro y éste sube solo , que es un punto donde la rotación de la tierra marca una mayor fuerza, otra dice que el fenómeno obedece a minerales de Hierro magnético que hay en ese sector, desde mi perspectiva este fenómeno es solo una ilusión óptica.
En consecuencia El Salvador marca un hito importante de la historia nacional, las millones de toneladas métricas de cobre exportadas y la gran riqueza asociada a esto hacen de El Salvador un eje de desarrollo nacional, van casi medio siglo de su creación, pero su historia se remonta a tiempos inmemoriales, a momentos en que el magma emergió desde la profundidades de su núcleo, a instantes prósperos de un gran imperio, donde por un camino que recorría los confines de su vasto reino, vio ir y venir a chasquis mensajeros, probablemente a indios Chucos y sus técnicas metalúrgicas, a los Coyas y sus místicas creencias, van 50 años de una línea temporal, la historia no se detiene, por lo tanto, nosotros, los hijos de esas elevadas llanuras seguiremos dando vida a El Salvador, un campamento cerca del cielo, donde tus entrañas haz dado vida a médicos, doctores, abogados, ingenieros, arquitectos, psicólogos, enfermeras, profesores, en fin, riquezas en forma de personas que hoy son puntales del progreso de la patria.
Solo Dios sabe cual será el destino de estas tierras, uno siendo hijo de aquellas polvorientas tierras desea que nunca muera, que perdure por los siglos y siga siendo la cuna de muchas generaciones más, en tus 50 años rememoro toda una vida llena de alegrías, agradezco al cielo la posibilidad de haber podido desarrollarme libre, de correr, caerme, levantarme, aprender, llorar, reír, cantar, enamorarme, crecer en los faldeos del indio caido, en tus brazos mi querida tierra, feliz cumpleaños Salvador, que cumplas muchos más.
Enlace | 50 años Mineral de El Salvador
Cobresal; El glorioso equipo de los mineros de El Salvador
Texto Aportado Por: FCO Esquivel Tapia

Nació bajo el alero de un grupo de personas interesadas en mejorar la calidad de vida de quienes vivamos en El Salvador, el Club Deportivo Hospital ofreció su afiliación a la ANFA, es así como el 5 de Mayo de 1979 se inicia la historia del equipo de los mineros, un equipo de fuerza y temple minero, sus primeras camisetas fueron verdes con ribetes naranjas, conozco dos hipótesis respecto de su nombre, la primera de ellas es que se llama así por el cobre y el río sal, la segunda, que es un abreviado de cobre y Salvador, nuestra ciudad.
De niño iba al Estadio con mi padre, era el equipo de sus amores, él era socio fundador del Club, recuerdo cuando forestaron el estadio y fuimos a plantar los pimientos que rodean el estadio, el nuestro es el primero a un costado del portón negro que da hacia la galería poniente, donde empieza a subir la loma que da forma a las plateas, el árbol de al lado pertenece a Don Telesforo Otarola, me alegraba ver que nuestro pimiento era el más alto de todos.
Los primeros equipos de Cobresal de los que tengo memoria eran muy buenos técnicamente, sumado a la altura y la alta temperatura con la que se jugaba hacían del Estadio El Cobre un recinto inexpugnable, de los arqueros que han dejado huella recuerdo a Julio Acuña, un arquerazo, quien llego lesionado a El Salvador, se vestía a la usanza de su selección, la gloriosa celeste, de bigote prominente era un candado en el pórtico albinaranja; Su reserva era Luis Acao, un Boliviano bastante bueno, pero Acuña era mejor, a veces lo traicionaba su temperamento y eso perjudicaba su buen accionar; Osmar Brunelli también dejó huella en el equipo minero, un arquero argentino de buena pegada, tanto así que marcó un gol de arco a arco, aunque no fue con la camiseta de Cobresal, de buenos reflejos y achique; Pedro Vargas, el rey era bueno y aperrado, mojaba la camiseta, iba a todas las pelotas, tuvo también un arquero de muy baja estatura Erwin Concha, sin embargo era dueño de unos reflejos únicos, plastico y elástico al momento de ponerse bajo los 3 palos.
En la defensa había exponentes bravos, Osorio; Jeria; Lechuga Araya, de motuda cabellera era de esos defensas a los cuales le podía pasar la pelota, pero el jugador de ninguna forma, hachero como él solo; Gustavo Huerta; Vladimir Bigorra, Ronald Fuentes, sin duda el mejor de todos, entre otros, en el medio campo se veían figuras como Manuel Pedreros; Luis Valenzuela; Eduardo Díaz; Franklin lobos, maestro de los tiros libres, tiro libre para Cobresal desde 30-35 metros era medio gol, la gente se paraba y empezaba a gritar ¡Lobito!; ¡Lobito!, disparaba y gol, como no nombrar a Rubén Alejandro Dundo, jugadorazo, de gruesa contextura física, pero de una gran técnica y habilidad con el balón, junto con Rubén Martínez hacían la dupla Ru – Ru, grandes alegrías le dieron al mineral, en delantera como no olvidar a Sergio Mario Salgado, a nuestro gran Iván Luis Zamorano, a la pantera negra, a Nelson Pedetti, mentor de Iván, dueño de un cabezazo imparable, buen timing y rechazo.
De los DT, recuerdo al mitico “Guerrillero” Manuel Rodriguez Araneda, a Sergio Nischiporuck; Hermes Navarro y ahora último al José Cantillana.
Hay una parte triste en toda esta historia, hubo un paro de trabajadores, los dirigentes le pidieron a Cobresal la organización de un partido amistoso para que de una u otra forma mostrar que el equipo estaba con los trabajadores; Cobresal se negó aduciendo de que una institución deportiva nada tiene que hacer en política, esto enardeció los ánimos de los socios y renunciaron masivamente, en airadas protestas los socios quemaban los carnet, de ahí vino un tiempo en donde Cobresal estuvo en el descenso, pero como su himno bien lo dice; “Si algún día cambia la suerte y Cobresal no puede triunfar, levantaremos bien alta la frente y nuevamente volveremos a cantar”.
La hinchada de nuestro equipo es fiel, siempre es la misma, la que toca la sirena cuando el equipo presto se prepara a atacar, basta sacar una moda estadística para darse cuenta de que los 1.000 hinchas promedio son los que siempre están apoyando al equipo, antes había una bandita, pequeña pero bulliciosa, tocaban música alegre, cumbias principalmente y bailes de la tirana, un caballero tocaba el trombón, nosotros niños maldadosos recogíamos la challa y se la echábamos adentro del instrumento, al soplar la challa salía del trombón y a nosotros nos daba risa, el caballero se enojaba y nos puteaba, jugábamos en la parte inferior del Estadio con cuanta cosa hubiera, latas de bebidas y cervezas de las cuales hacíamos torres, trenes, zancos, pelotas, trompos, autitos, etc.
Son los recuerdos de mi equipo, el equipo de los mineros que altivo y arrogante está, con su camiseta albinaranja, semana a semana brinda espectáculo a esa gente trabajadora y de esfuerzo, en su monumental estadio, capaz de albergar a todo el campamento incluidas las mascotas, en esa alfombra verde que es un oasis en medio del desierto, en ese rectángulo en el cual el minero vio a su equipo jugando copa libertadores frente a los Colombianos America y Cali , que albergó a 20.000 hinchas azules que llegaron para hacer realidad un sueño, una espera amarga de 25 años para levantar nuevamente una copa y gritar campeón, un reducto inexpugnable en el que Cobresal se hace respetar, ahí caminan todos los corazones de dicha y felicidad, donde jugando con honor el equipo Salvadoreño a la meta llegará.
Cobresal podrá desaparecer junto con la ciudad, pero los Salvadoreños llevaramos grabado su nombre en nuestros corazones.







